El castro de la Saldueña


castro bermellarLas arribes del Duero esconden entre sus caminos y campos muchos tesoros naturales e históricos, muchos de ellos son muy conocidos por todos, pero hay otros que no lo son tanto, como sucede con el castro vetón de Bermellar, pero no por ello deja de ser importante.

Conocidos o muy conocidos son otros castros en la comarca de las arribes como el castro de Yecla de Yeltes, el castro de las Merchanas en Lumbrales, o el castro de El Castillo en Saldeana.

Pero nos encontramos con la existencia de otro mucho menos conocido del que es muy difícil encontrar algún tipo de documentación o referencia. Estaríamos hablando del Castro de Bermellar o castro de la Saldañuela, que estaría datado en la edad de hierro.

El castro de la Saldañuela o del Puerto a diferencia de los que nos podemos encontrar en la comarca, tiene un difícil acceso, entre otros motivos por encontrarse dentro de propiedades de titularidad privada además de estar rodeado de abundante maleza. Siendo su tamaño inferior al resto de la zona, encontrándose este en peor estado de conservación. Hoy solo podemos encontrarnos restos de lo que fue su fortaleza.

Pero estos detalles no tienen que hacerlo menos importante, es más tendría que ser al contrario. El estado de restos como estos tienen que hacernos concienciarnos de los tesoros que tenemos en la olvidada comarca de las arribes, y que le confieren un gran valor, además de valor natural.

Se encuentra enfrentado al castro del Castillo en Saldeana, y es que se haya en la margen contraria del río huebra a la misma altura que su vecino de Saldeana.

La mitad de su circunferencia se haya protegida por elevados acantilados sobre el huebra, que lo hacen inaccesible. Hoy dándonos grandes perspectivas sobre el encajonamiento de este río. Por otro lado nos encontramos con gruesos muros que pueden llegar a medir cerca de 7,50 metros de grosor con dos puertas.

Una de las características de las murallas de los castros vetones es su anchura. La anchura siempre es mayor en la base que en la coronación, debido al marcado talud que presenta cuando menos el paramento externo, en torno a los 16 º, aunque puede llegar incluso a los 20º. Esta mayor anchura de la base confiere a la fortificación una notable estabilidad, acrecentada en ciertas ocasiones con la adición de un paramento interno, como sucede en Bermellar y Yecla la Vieja, cuya misión era la de impedir el desmoronamiento de la muralla, cuando a consecuencia de un ataque desaparecía el paramento exterior.

Las zonas más vulnerables, sobre todo las inmediatas a las entradas, se defendían también con barreras de piedras hincadas. Se trata de amplios espacios literalmente sembrados de piedras puntiagudas con aristas cortantes, escasamente labradas

El emplazamiento en espigón fluvial es común a más de la mitad de los castros conocidos del suroeste de la Meseta. Ofrecen en general un cerro amesetado y escarpado, ubicado en la confluencia de dos o tres cauces. La proximidad a la corrientes fluviales y las facilidades naturales de la defensa también conviene a los poblados en acrópolis y en meandro, cuya accesibilidad viene determinada por la pendiente y el recorrido del río principal; así lo vemos en Saldañuela

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