Un fin de semana increible

Un fin de semana increible


Una experiencia inolvidable, así es como se puede definir nuestra visita a las arribes.

Y es que a pesar de coincidir uno de los fines de semana más lluviosos que recuerdo, descubrí lugares que consiguieron dejarme con la boca abierta.

La primera parada de nuestro viaje fue el mirador del Salto, en Saucelle. Desde aquí tenemos una panorámica impresionante del salto de Saucelle, con el complejo de Aldeaduero en el centro, divisando la entrega de agua del río huebra al Duero, que precisamente por las últimas lluvias llevaba un buen caudal, y seguro que debido a la apertura de las compuertas de las presas río arriba, bajaba con un color marrón, turbio. Quizás esa fue la guinda que nos faltó en nuestra visita, contemplar el espectáculo de las compuertas abiertas en la presa de Saucelle.

Pero si increíble era la vista desde el mirador del Salto, la panorámica desde la entrada al complejo de Aldeaduero no lo era menos, y es que mirando hacia arriba, tu mente piensa como es posible que en esta montaña hace tantas décadas fuera capaz de construir una carretera. Pero cuando nos damos la vuelta nos damos cuenta que estamos obviando otro gran lugar, el Penedo Durao.

Lo único que podemos decir de nuestra estancia en Aldeaduero son cosas buenas, pero no me voy a limitar a la experiencia vivida y en la magnifica atención de sus trabajadores, no, quiero hacer hincapié en la profunda emoción que nos embargó al recorrer las calles del complejo y pensar que estábamos pisando una parte de la historia de la comarca, pisando el mismo suelo que hace ya unas cuantas décadas pisaron cientos de trabajadores y sus familias que durante cerca de 10 años estuvieron trabajando para levantar el primero de los grandes saltos de las arribes.

A pesar de la lluvia nos dirigimos esa misma tarde a divisar las arribes desde el mirador del Penedo Durao. Al cual primero siguiendo las indicaciones de Freixo, y posteriormente de Pollares, se llega con mucha facilidad debido a las indicaciones que también nos encontramos en el camino. Quizás el único pero que podría ponerle a este impresionante mirador son sus escalones, y es que quizás son un poco elevados, lo que hace que personas que determinados problemas de movilidad, o de más edad no puedan acceder con total comodidad. Pero una vez llegamos al último tramo de escalones la vista no nos defraudó, es más la niebla que cubría el lugar le daba un encanto especial.

El día de la partida decidimos hacer el viaje por la carretera que unía directamente el Salto de Saucelle con la localidad portuguesa de Barca D´alva. Una carretera que si bien es cierto no invita a pisar el acelerador de nuestro coche por las constantes curvas en su recorrido. Pero con el entorno que nos rodeaba pisábamos el freno más de lo que la conducción requería. Además de seguir casi de la mano el camino con el río Duero que seguía bajando con sus turbias aguas, una de las cosas que más nos impresionó es la belleza de las laderas lusas con sus impresionantes bancales que llegan casi hasta la mismísima orilla del río con olivos, viñas y de vez en cuando naranjos.

Una vez llegamos a Barca D´alva cruzamos el Duero y nos dirigimos a un lugar que creo debe ser parada obligatoria, el antiguo puente internacional sobre el Agueda por el que cerca de un siglo pasaban los trenes uniendo España y Portugal. Aquí la sensación era similar a la de Aldeaduero, estábamos en un lugar en el que hace varias décadas había un transito bien diferente al actual.

Desde aquí y ya por territorio español nos dirigimos a la Fregeneda, y antes de llegar al pueblo tomamos el desvío hacia el mirador de Mafeito, muy bien indicado en un cruce a la izquierda dirección La Fregeneda. Aquí, y como todo el fin de semana nos encontramos con una importante granizada, que no deslució nuestra visita al mirador. Y es que situado sobre su plataforma la sensación es intensa y es que ante nosotros se abría el intenso Duero desde Saucelle hasta Barca D´alva.

Nuestra última parda, y por falta de tiempo, fue la Casa del Conde en Lumbrales, un lugar, como otros muchos de la zona cargados de historia, pero no solo de historia moderna, sino también con una importante exposición de útiles de prehistóricos de un importante valor. Reseñar el telar que se encontraba en una sala.

Lo único que podemos decir de nuestro viaje es que volveremos, ya que por falta de tiempo, y por el tiempo, valga la redundancia se quedaron varias visitas en el tintero.

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